En los últimos años se ha observado un aumento preocupante de los trastornos emocionales, siendo la ansiedad, la depresión y el estrés las principales amenazas para la salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente el 5% de los adultos en todo el mundo padecen depresión con una mayor prevalencia en mujeres (6%) que en hombres (4%). En México, la situación es particularmente alarmante: cerca del 50% de la población adulta reporta síntomas de ansiedad, y alrededor de 35 millones de personas han experimentado algún episodio depresivo, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)(1).
El estrés, un factor desencadenante de múltiples trastornos y enfermedades, ha captado la atención de la comunidad científica por sus efectos negativos tanto físicos como mentales. Esta tensión mental afecta a millones de personas en todo el mundo (OMS), limitando su desempeño en actividades cotidianas esenciales como las escolares y laborales (2). Además, el estrés puede actuar como un factor de riesgo que desencadena o agrava estados patológicos.
Más allá de sus efectos psicológicos, el estrés también puede generar daños fisiológicos, con consecuencias potencialmente irreversibles en diversos órganos. La Academia Americana de Oftalmología (AAO) ha documentado una clara asociación entre el estrés y los daños a la salud visual y ocular. Esto desencadena la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina, las cuales influyen directamente en la dilatación pupilar. Con el tiempo, esta respuesta fisiológica puede manifestarse en las siguientes afecciones oculares:
• Elevación de la presión intraocular (PIO): aunque los cambios breves no son perjudiciales, los niveles elevados y prolongados pueden dañar el nervio óptico, especialmente en personas con glaucoma.
• Sensibilidad a la luz (fotofobia): la exposición a luces brillantes puede resultar molesta y, en algunos casos, ser indicio de una condición subyacente más grave.
• Espasmos oculares: temblores involuntarios en los párpados, frecuentes en situaciones de estrés, que pueden agravarse por el consumo de cafeína o la falta de sueño.
• Visión borrosa: los objetos pueden percibirse desenfocados; la ansiedad puede agravar la presbicia. En casos extremos, como durante ataques de pánico, la hiperventilación puede causar visión borrosa.
• Fatiga ocular: el estrés, sumado al uso prolongado de pantallas, contribuye al cansancio visual.
• Visión en túnel: la ansiedad extrema puede provocar una pérdida temporal de la visión periférica. Si esta condición se vuelve crónica, podría indicar afecciones oculares graves como glaucoma avanzado.
• Ojos secos o lagrimeo excesivo: ambas reacciones pueden ser respuestas fisiológicas al estrés.
• Miodesopsias (flotadores): si bien el estrés no causa directamente las miodesopsias, puede aumentar la percepción o conciencia de estos puntos flotantes.
• Diversas patologías oculares se asocian al estrés, entre ellas, el glaucoma y los daños en la superficie ocular, los cuales también se vinculan con trastornos de ansiedad y depresión. Estos pueden llevar al abandono de tratamientos y, en algunos casos, provocar lesiones por fricción(3).
• Aunque la conexión entre la psique y la salud visual ha sido objeto de estudio desde hace décadas, la oftalmología psicosomática cobró relevancia durante la Segunda Guerra Mundial. La observación de pacientes con síntomas oculares sin explicación fisiológica clara impulsó el reconocimiento de la relación entre el distrés psicológico y diversos trastornos oculares, como el síndrome de ojo seco(4).

Recomendaciones para mitigar los daños oculares y visuales causados por el estrés, la ansiedad y la depresión
1. Prácticas de relajación
• Meditación y mindfulness: ayudan a reducir el estrés y la ansiedad, favoreciendo la salud ocular. La meditación consciente mejora la atención y disminuye la tensión mental.
• Ejercicios de respiración: las respiraciones profundas calman la mente y pueden reducir la presión ocular.
2. Cuidado visual
• Descansos visuales: haz pausas cada 20-30 minutos frente a pantallas y mira a lo lejos durante 20 segundos para relajar la acomodación ocular.
• Iluminación adecuada: trabaja en espacios bien iluminados, preferentemente con luz natural o, en su defecto, con luz artificial suave.
3. Ejercicios oculares
• Parpadeo consciente: parpadear con frecuencia mantiene la humedad ocular y reduce la sequedad.
• Enfoque alternado: ir turnando la vista entre objetos cercanos y lejanos ayuda a relajar los músculos oculares.

4. Estilo de vida saludable
• Hidratación: mantener un consumo adecuado de agua previene la sequedad ocular.
• Alimentación balanceada: incluir alimentos ricos en antioxidantes, frutas, verduras y ácidos grasos omega-3 (presentes en pescados como el salmón) favorece la salud ocular.
5. Consulta profesional
• Visitas regulares al oftalmólogo: permiten detectar y tratar oportunamente cualquier alteración visual.
• Terapia psicológica: el acompañamiento profesional puede proporcionar herramientas efectivas para gestionar el estrés, la ansiedad o la depresión.
6. Tecnología y ergonomía
• Ajustes en pantallas: mantén la pantalla a la altura de los ojos y a una distancia de 50-70 cm para evitar tensión ocular.
• Filtros de luz azul: utiliza gafas o aplicaciones que reduzcan la exposición a este tipo de luz, especialmente en el trabajo digital prolongado.

El estrés, la ansiedad y la depresión influyen directamente en la función ocular y visual, provocando alteraciones como visión borrosa, fatiga visual, cambios en la presión intraocular y disfunciones de la superficie ocular. Estas manifestaciones deben ser consideradas dentro del abordaje clínico integral del optometrista, especialmente cuando no existen causas orgánicas evidentes. Comprender la relación entre los factores emocionales y la salud visual permite ofrecer una atención más completa y preventiva. Promover hábitos saludables, revisiones periódicas y estrategias de manejo del estrés contribuye significativamente al bienestar visual y general del paciente.
Este reportaje fue escrito por Visión Plus en colaboración con el M. en C. Luis Antonio Hernández Flores, profesor adscrito a la sección de estudios de Posgrado e Investigación del CICS UMA.
Bibliografía:
admin. Depresión y ansiedad, los dos principales trastornos de salud mental en México [Internet]. Gaceta UNAM. 2024 [cited 2025 Sep 29]. Available from: https://www.gaceta.unam.mx/depresion-y-ansiedad-los-dos-principales-trastornos-de-salud-mental-en-mexico/
Naranjo Pereira ML. Una revisión teórica sobre el estrés y algunos aspectos relevantes de éste en el ámbito educativo. Revista Educación. 2009 Dec 31;33(2):171.
Alkozi H. Ocular Surface Health in Connection with Anxiety and Depression: a Review. Journal of Multidisciplinary Healthcare. 2024 May;Volume 17:2671–6.
Surprising Links Between Stress and the Eyes. American Academy of Ophthalmology [Internet]. 2023 Jan 31 [cited 2025 Oct 27]; Available from: https://www.aao.org/eye-health/tips-prevention/anxiety-stress-dry-eye-glaucoma-iop
