Por Patricia E. García A. OD. Ms.As
Editora Clínica Revista 20/20

Las Voces de la Optometría y el fenómeno de las redes sociales

En los últimos años, las redes sociales se han consolidado como uno de los espacios más influyentes para la circulación de información en salud. Plataformas como Instagram, TikTok, Facebook y YouTube han ampliado el acceso a contenidos sobre visión y cuidado ocular, permitiendo que profesionales, pacientes, empresas y creadores participen activamente en la conversación pública. Este cambio ha democratizado la comunicación, pero también ha favorecido la simplificación excesiva de temas clínicos y la conversión de la salud visual en contenido de consumo rápido.

La optometría no ha sido ajena a este fenómeno. Hoy es frecuente ver consejos clínicos resumidos en pocos segundos, diagnósticos complejos reducidos a frases virales y procedimientos especializados presentados como estrategias de mercadeo disfrazadas de educación. El problema no está en las redes sociales en sí mismas, sino en el momento en que la popularidad, el alcance y la interacción empiezan a pesar más que el rigor científico, la ética profesional y la responsabilidad sanitaria.

El ejercicio responsable de la optometría exige basarse en evidencia científica, criterio clínico, atención humanizada y compromiso con el bienestar del paciente. La práctica profesional no debería depender de tendencias, algoritmos o métricas digitales. Sin embargo, la presión por crear contenido visible ha llevado a algunos profesionales a emitir mensajes ambiguos, exageraciones comerciales o recomendaciones generalizadas sin suficiente sustento clínico. También preocupa que la autoridad profesional se construya más desde la apariencia que desde el conocimiento. En entornos digitales, símbolos como la bata blanca pueden generar una percepción inmediata de credibilidad, incluso cuando el mensaje carece de soporte científico. Esto puede hacer que el público acepte contenidos sin cuestionarlos, confundiendo información rigurosa con opinión o publicidad, y debilitando la comprensión del verdadero valor del criterio clínico.

En esa búsqueda de visibilidad, algunos profesionales adoptan dinámicas propias del entretenimiento y convierten asuntos clínicos en piezas diseñadas principalmente para generar interacción. Aunque estas estrategias pueden ampliar el alcance, también pueden desdibujar la seriedad del ejercicio profesional y reducir la autoridad científica a una lógica de popularidad. Aun así, este escenario también representa una oportunidad. La presencia de la optometría en redes sociales no debe verse como una amenaza inevitable, sino como un llamado a fortalecer la comunicación responsable. Se necesitan voces profesionales capaces de informar con claridad, educar con fundamento y humanizar la salud visual en medio de entornos saturados de información superficial.

Usadas con ética y propósito, las redes sociales pueden convertirse en aliadas poderosas para prevenir enfermedades, promover exámenes visuales oportunos y acercar información confiable a comunidades con menos acceso. La diferencia está en el enfoque: comunicar para servir y educar, no solo para posicionarse o vender. En ese sentido, la optometría enfrenta el reto de adaptarse a las nuevas dinámicas digitales sin renunciar a sus principios. Más allá de dominar competencias clínicas, el profesional de la salud visual debe asumir una responsabilidad comunicativa y social, consciente de que cada publicación puede influir en decisiones reales sobre la salud de las personas. Por ello, las voces de la optometría deben seguir siendo voces de confianza, ética y conocimiento.

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